Hipertensión arterial, un llamado a cuidarte

Desde que tengo consciencia de mi vida, escuché decir que papá era hipertenso. Recuerdo sus frecuentes dolores de cabeza y la preocupación de mamá porque se tomara las medicinas y redujera el consumo de sal (por él, siempre había un salero en la mesa); aún estaba joven y era tan vigoroso como terco.

Los años pasaron y con ellos se sumaron los achaques, pero él se sentía bien, conservaba esa contextura fuerte de los señores de antes, acostumbrados al trabajo y a no dejarse vencer por la enfermedad. Creía que salir a montar cicla solo los fines de semana a las afueras de la ciudad era suficiente ejercicio. Mamá ya no estaba para recordarle que se cuidara.

Su dieta llegó a ser estricta, en casa se seguía al pie de la letra y él lo aceptaba a regañadientes, sin rechazarla. A pesar de ello, la presión se elevaba de repente y nos ponía en carreras; a veces era necesario hospitalizarlo para tenerlo bajo control hasta que se estabilizara.

Un día entendimos la razón de sus recaídas. Como si no fuera suficiente con su estrés por el trabajo y algunos excesos, un conocido nos vino con el chisme de que lo veía regularmente, a escondidas, en la cafetería de Lolita, comiendo frituras a las que, además, les agregaba más "salecita". Por supuesto que lo negó y no se habló más del asunto.

Cuando menos lo pensamos, las facturas de cobro de esa terquedad, los malos hábitos alimentarios, sedentarismo y de echar en saco roto las indicaciones médicas, llegaron una detrás de otra y papá resultó con problemas cardiacos y una insuficiencia renal que lo llevó a una diálisis peritoneal, luego a una hemodiálisis y, finalmente, a dejarnos para siempre.

El deterioro en su calidad de vida fue lo más doloroso y difícil de llevar, en especial, porque iba en contravía de lo que quería para él: seguir siendo fuerte dentro de sus posibilidades y disfrutar la vida en compañía de dos generaciones de descendientes que lo amaban, le celebraban su presencia entre ellos y lo cuidaban porque lo querían saludable.

La hipertensión arterial es una enfermedad más fácil de llevar de lo que imaginas, solo se requiere voluntad, amor propio, conocerla y entenderla a partir de los controles en la IPS, hacerse los chequeos regulares, así como seguir al pie de la letra las recomendaciones del médico y del personal salud, quienes están siempre dispuestos a cuidarte.

Afecta por igual a hombres y mujeres en todo el mundo, suele ser una enfermedad silenciosa y es la principal causa de las enfermedades cardiovasculares, que cada año se cobran la vida de 17 millones de personas en el mundo.

El médico está aquí, contigo. Escucha lo que te dice en el siguiente enlace.

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